¿Por qué dejamos de movernos cuando más lo necesitamos?

23 May 2026

¿Por qué dejamos de movernos cuando más lo necesitamos?
Seguramente alguna vez te ha ocurrido.
Sabes que caminar te haría bien. Sabes que hacer ejercicio aliviaría parte de la tensión que llevas acumulada. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario: cada día tienes menos ganas de moverte.
¿Por qué sucede esto?
La respuesta no siempre está en los músculos. Muchas veces comienza en el cerebro.
Cuando vivimos demasiado tiempo bajo estrés
Nuestro cerebro está diseñado para protegernos. Cuando percibe una amenaza —ya sea una enfermedad, un problema familiar, preocupaciones económicas o una etapa de gran incertidumbre— activa mecanismos de supervivencia que nos ayudan a enfrentar esa situación.
El problema aparece cuando ese estado de alerta se prolonga durante semanas o meses.
El cuerpo comienza a ahorrar energía, disminuye la motivación y aparecen el cansancio, la apatía y el deseo de permanecer inmóviles.
No es falta de voluntad.
Es una respuesta normal de un organismo que lleva demasiado tiempo funcionando bajo presión.
Dos formas de reaccionar
He observado que muchas personas responden de dos maneras.
Algunas reducen cada vez más su actividad física. Permanecen en casa, dejan de caminar, abandonan sus rutinas y, poco a poco, el cuerpo pierde fuerza, movilidad y energía.
Otras hacen exactamente lo contrario: buscan mantenerse activas porque descubren que el movimiento les ayuda a sentirse mejor física y emocionalmente.
Ninguna reacción merece ser juzgada.
Cada persona enfrenta el estrés de manera diferente.
Sin embargo, existe un punto intermedio que suele resultar más saludable: volver a mover el cuerpo de forma progresiva y respetando nuestras posibilidades.
No esperes a tener ganas
Existe una idea que puede cambiar nuestra forma de ver el ejercicio.
Muchas personas creen que primero deben sentirse motivadas para empezar.
En realidad, suele ocurrir al revés.
El movimiento genera motivación.
Después de caminar unos minutos, respirar aire fresco y movilizar las articulaciones, el cuerpo comienza a responder de otra manera.
Poco a poco vuelve la energía.
¿Cómo empezar?
No es necesario correr ni hacer una rutina exigente.
Basta con dar el primer paso.
Te propongo un ejercicio muy sencillo.
Camina durante un minuto a un ritmo lento, respirando con tranquilidad. Luego aumenta ligeramente la velocidad durante otro minuto, como si quisieras llegar puntual a una cita. Finalmente, camina durante un minuto a un paso más rápido, sin correr y sin perder el control de la respiración.
Al terminar, vuelve a empezar si te sientes cómodo.
No busques agotarte.
Busca despertar nuevamente a tu cuerpo.
El movimiento también cuida la mente
Caminar moviliza músculos y articulaciones, pero también ayuda a disminuir la tensión acumulada, despeja la mente y favorece la sensación de bienestar.
No resuelve todos los problemas.
Pero nos coloca en mejores condiciones para enfrentarlos.
Un pequeño desafío
Si llevas mucho tiempo sintiendo que tu cuerpo "está apagado", no esperes al lunes ni al próximo mes.
Empieza hoy.
Cinco minutos son suficientes para poner el motor en marcha.
Porque el cuerpo tiene una capacidad extraordinaria para adaptarse.
Y muchas veces, todo comienza con un solo paso.