El estrés también se siente en el cuerpo

08 Aug 2026

El estrés también se siente en el cuerpo
Vivimos hablando del estrés como si fuera solamente un estado emocional.
"Estoy estresado." "Tengo demasiadas cosas."
"Estoy preocupada."
Pero el estrés no se queda en nuestros pensamientos.
El cuerpo también lo vive.
Cuando sentimos que algo nos amenaza, nos preocupa o nos desborda, nuestro organismo pone en marcha una respuesta de protección. Aumenta la activación del sistema nervioso, cambian la frecuencia cardíaca y la tensión muscular y se liberan hormonas como el cortisol. Es una respuesta normal y necesaria para adaptarnos a una situación difícil.
El problema no es sentir estrés.
El problema aparece cuando nuestro cuerpo permanece demasiado tiempo en estado de alerta.
Cuando estamos sanos
Una persona sana puede atravesar momentos de mucho estrés sin que eso signifique que su cuerpo esté enfermo.
Una preocupación, una noche difícil, una situación inesperada o una etapa de mucho trabajo pueden producir cansancio, tensión muscular, alteraciones del sueño o cambios en el apetito.
Pero cuando la situación termina, el organismo tiene la capacidad de volver progresivamente a su estado de equilibrio.
Ese regreso es tan importante como la respuesta inicial.
El cuerpo está diseñado para activarse cuando lo necesita y después descansar.
Cuando existe una lesión aguda
Aquí la situación cambia.
Una persona que acaba de sufrir una lesión ya tiene una razón física para que su organismo esté en alerta.
Hay dolor.
Hay inflamación.
Hay miedo a mover la zona lesionada.
Y muchas veces aparece además la preocupación:
"¿Cuándo voy a estar bien?"
"¿Volveré a hacer lo que hacía antes?"
"¿Y si esto empeora?"
El estrés emocional puede sumarse entonces al estrés físico que ya está experimentando el organismo.
Esto no significa que la emoción haya provocado la lesión.
Significa que el cuerpo está recibiendo varias señales de amenaza al mismo tiempo.
Por eso, durante una recuperación aguda, sentirse seguro y comprender lo que está ocurriendo también puede formar parte del proceso.
Cuando el problema lleva mucho tiempo
En los problemas subagudos y crónicos aparece algo diferente.
La persona puede llevar semanas o meses conviviendo con dolor, limitación o incertidumbre.
Y llega un momento en que el cuerpo parece estar siempre preparado para defenderse.
El dolor puede generar preocupación.
La preocupación aumenta la tensión y la vigilancia.
La tensión puede hacer que determinados movimientos se sientan más difíciles o dolorosos.
Y ese dolor vuelve a generar preocupación.
Puede establecerse así un círculo difícil de romper. La relación entre estrés y dolor es compleja y bidireccional, y la investigación actual encuentra alteraciones en los sistemas de respuesta al estrés en algunas personas con dolor persistente.
Por eso, cuando tratamos a una persona con un problema crónico, no podemos mirar solamente la estructura que duele.
Tenemos que mirar también cómo está viviendo esa persona su proceso.
Las emociones también son físicas
A veces decimos:
"Estoy angustiado y siento el cuerpo tenso."
Y es literalmente así.
Las emociones pueden modificar nuestra respiración, nuestro tono muscular, nuestro sueño, nuestra frecuencia cardíaca y nuestra percepción del dolor.
No porque imaginemos los síntomas.
Sino porque cerebro y cuerpo están permanentemente comunicándose.
Por eso no tiene sentido separar completamente lo físico de lo emocional.
Somos un solo organismo.
Entonces, ¿hay que eliminar el estrés?
Ojalá fuera tan sencillo.
Yo misma estoy aprendiendo que no se trata de decir:
"Tengo que dejar de estresarme."
Porque esa frase puede convertirse en otra fuente de estrés.
No podemos controlar todo lo que sucede.
No podemos evitar todas las preocupaciones.
Y tampoco podemos decidir que mañana dejaremos de sentir miedo, tristeza o incertidumbre.
Quizá el objetivo sea otro.
Aprender a reconocer cuándo nuestro cuerpo lleva demasiado tiempo en alerta y empezar a darle espacios para volver a la calma.
Dormir cuando podamos.
Respirar más lentamente.
Mover el cuerpo.
Conversar.
Pedir ayuda.
Hacer una pausa.
Volver, aunque sea por unos minutos, al presente.
No para escapar de los problemas.
Sino para permitir que nuestro organismo recuerde que también existe el descanso.
Una mirada amable
El estrés forma parte de la vida.
No necesitamos tener una vida sin problemas para estar bien.
Necesitamos aprender a no permanecer permanentemente dentro de ellos.
Nuestro cuerpo tiene una enorme capacidad de adaptación, pero también necesita momentos de recuperación.
Por eso, quizá cuando alguien nos diga:
"Tienes que bajar el estrés"
no deberíamos escucharlo como una exigencia más.
Podríamos escucharlo como una invitación.
Una invitación a preguntarnos:
¿Cuánto tiempo lleva mi cuerpo en alerta?
Y quizá esa pregunta sea un buen comienzo.

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