Movimiento en el Parkinson 1

11 Aug 2026

Movimiento en el Parkinson 1
Parkinson y movimiento: por qué mantenerse activo es tan importante
Recibir un diagnóstico de Parkinson puede despertar muchas preguntas y, a veces, también miedo.
Una de las primeras cosas que puede pensar una persona es: ¿Qué puedo hacer para ayudar a mi cuerpo?
Una de las respuestas más importantes es sencilla: moverse.
El ejercicio no cura el Parkinson ni sustituye el tratamiento médico. Pero hoy sabemos que mantenerse físicamente activo es una parte fundamental del cuidado de la enfermedad. El ejercicio puede ayudar a conservar la movilidad, la fuerza, el equilibrio y la capacidad para realizar las actividades de la vida diaria. También puede favorecer algunos aspectos no motores, como el estado de ánimo, el sueño y la función cognitiva.
Y hay algo especialmente importante: no es necesario esperar a que aparezcan grandes dificultades para comenzar.
El mejor momento para empezar es cuando todavía puedes moverte bien
En las primeras etapas del Parkinson, muchas personas continúan caminando, trabajando, haciendo deporte y realizando sus actividades habituales.
Incluso pueden sentirse prácticamente igual que antes del diagnóstico.
Precisamente por eso, este es un buen momento para incorporar el ejercicio como parte de la vida cotidiana.
La Parkinson's Foundation señala que las personas que comienzan a hacer ejercicio en las primeras etapas y mantienen una actividad regular presentan mejores resultados en calidad de vida que quienes comienzan más tarde.
No se trata de entrenar porque tengamos miedo de perder el movimiento.
Se trata de entrenar para conservarlo.
El movimiento es más que caminar
Cuando hablamos de ejercicio para una persona con Parkinson, no debemos pensar solamente en caminar.
El cuerpo necesita diferentes tipos de estímulos.
Necesitamos trabajar la resistencia, para que el corazón y los pulmones puedan responder mejor al esfuerzo.
Necesitamos mantener la fuerza, especialmente en las piernas y el tronco, porque muchas actividades cotidianas dependen de ella.
Necesitamos conservar la movilidad y la amplitud de los movimientos, porque la rigidez y la reducción de los movimientos pueden dificultar determinadas actividades.
Y necesitamos entrenar el equilibrio, la agilidad y la capacidad de cambiar de dirección, porque caminar no consiste únicamente en avanzar en línea recta.
Las recomendaciones actuales de la Parkinson's Foundation y el American College of Sports Medicine organizan el ejercicio precisamente en estos cuatro grandes componentes: actividad aeróbica, fortalecimiento, flexibilidad y equilibrio/agilidad/multitarea.
El cuerpo necesita practicar lo que quiere conservar
Hay una idea que considero especialmente importante cuando trabajamos con Parkinson:
el cuerpo aprende con la práctica.
Si queremos conservar la capacidad de caminar con pasos amplios, debemos practicar pasos amplios.
Si queremos levantarnos con facilidad de una silla, debemos trabajar la fuerza y el movimiento necesarios para levantarnos.
Si queremos girar con seguridad, necesitamos practicar los giros.
Si queremos mantener el equilibrio, necesitamos desafiarlo de manera segura.
Por eso, los ejercicios no deberían ser movimientos aislados sin un propósito.
Cada ejercicio puede tener una relación con algo que hacemos todos los días.
El ejercicio debe ayudar al cuerpo a seguir haciendo aquello que es importante para la persona.
No todos los días son iguales
También debemos aprender a escuchar al cuerpo.
Habrá días en los que el movimiento sea más fácil y otros en los que pueda sentirse más lento o rígido.
La medicación, el sueño, el cansancio y el estado emocional pueden influir en cómo se mueve una persona.
Por eso, hacer ejercicio no significa obligar al cuerpo a rendir de la misma manera todos los días.
Significa aprender a adaptar la actividad.
En las personas con Parkinson, el programa de ejercicio debe individualizarse de acuerdo con la capacidad física, los síntomas, la medicación y la etapa de la enfermedad. Una evaluación con un fisioterapeuta especializado en Parkinson puede ayudar a identificar dificultades de movimiento que todavía son sutiles y establecer una rutina segura.
La constancia importa más que la perfección
No necesitamos comenzar haciendo una rutina complicada.
Podemos empezar caminando.
Podemos practicar levantarnos y sentarnos de una silla.
Podemos mover los brazos con amplitud.
Podemos trabajar el equilibrio.
Podemos fortalecer las piernas.
Podemos bailar, montar bicicleta, nadar o realizar cualquier actividad que nos guste y que sea segura para nosotros.
Lo importante es encontrar una forma de movimiento que podamos mantener en el tiempo.
Las recomendaciones actuales proponen combinar diferentes tipos de ejercicio durante la semana, aumentando progresivamente la cantidad y la intensidad según las posibilidades de cada persona.
Moverse es también confiar en el cuerpo
Quizás una de las cosas más valiosas que puede aportar el ejercicio no se puede medir solamente en fuerza o velocidad.
Es la confianza.
La confianza de levantarse.
De caminar.
De girar.
De intentar un movimiento nuevo.
De descubrir que el cuerpo todavía puede aprender y adaptarse.
El Parkinson puede cambiar la manera en que nos movemos, pero no debería hacernos dejar de movernos por miedo.
El objetivo no es luchar contra el cuerpo.
Es trabajar con él.
Escucharlo, estimularlo y darle oportunidades para seguir utilizando sus capacidades.
Porque mantenerse activo no significa solamente hacer ejercicio.
Significa seguir participando de la propia vida.
En el próximo artículo
En el siguiente artículo vamos a llevar estas ideas a la práctica: veremos una rutina semanal sencilla para personas con Parkinson en etapa temprana, con ejercicios básicos de movilidad, fuerza, equilibrio, coordinación y marcha que puedan incorporarse progresivamente a la vida cotidiana.

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